12, Enero 2021
¿Puede ser sustentable el Mundial de Fútbol más grande de la historia?
Cada cuatro años, el Mundial de Fútbol paraliza al planeta. Millones de personas se reúnen frente a una pantalla, miles viajan para acompañar a sus selecciones y las ciudades anfitrionas se convierten en el centro de atención global. Sin embargo, detrás de la pasión, los goles y las celebraciones, emerge una pregunta cada vez más relevante: ¿qué impacto tiene un evento de esta magnitud sobre el medioambiente?

El Mundial de 2026, organizado conjuntamente por Estados Unidos, Canadá y México, es el más grande de la historia. Por primera vez participan 48 selecciones (un 50% más que en Qatar 2022) y se disputan 104 partidos en 16 ciudades sede. El crecimiento del torneo promete más oportunidades deportivas y una experiencia global sin precedentes, pero también abre un debate inevitable: ¿es compatible la expansión de los grandes eventos con los objetivos de sustentabilidad que el mundo busca alcanzar?
Por primera vez participan 48 selecciones (un 50% más que en Qatar 2022) y se disputan 104 partidos en 16 ciudades sede.
Un Mundial con una estrategia ambiental diferente
A diferencia de otras ediciones, el Mundial de 2026 no demandó la construcción masiva de nuevos estadios. La mayoría de los partidos se juegan en recintos ya existentes, muchos de ellos utilizados habitualmente por equipos de la NFL o el fútbol profesional.
Desde la perspectiva ambiental, este es uno de los principales aspectos positivos. La construcción de infraestructura deportiva suele representar una enorme huella de carbono debido al uso intensivo de cemento y acero. De hecho, según auditorías ambientales independientes, evitar la construcción de estadios nuevos redujo el impacto de infraestructura a solo un 2.3% de las emisiones totales del torneo, evitando el fenómeno conocido como “elefantes blancos”: estadios construidos para un evento puntual que luego quedan subutilizados (como ocurrió en Brasil 2014 o Qatar 2022).
Además, varias de las ciudades anfitrionas cuentan con programas de eficiencia energética, sistemas de gestión de residuos, estrategias de movilidad sostenible y políticas para reducir el uso de plásticos de un solo uso durante el torneo.
Evitar la construcción de estadios nuevos redujo el impacto de infraestructura a solo un 2.3% de las emisiones totales del torneo.
El desafío más difícil: mover millones de personas
Sin embargo, cuando se analiza el impacto total de un Mundial, los estadios representan apenas una parte de la ecuación. Diversos estudios sobre grandes eventos deportivos coinciden en que la principal fuente de emisiones proviene del transporte.
En el caso de 2026, la dispersión geográfica es inédita: las sedes están distribuidas a lo largo de tres países y separadas por miles de kilómetros. Un aficionado podría necesitar trasladarse entre Ciudad de México, Vancouver, Toronto, Dallas o Miami para seguir a su selección.
Esta escala comercial pulveriza los logros ecológicos locales. Un informe de la plataforma internacional de contabilidad de carbono Greenly reveló que este torneo proyecta una huella estimada de 7.8 millones de toneladas de CO₂ equivalente ($CO_2e$).
🌍 Para dimensionar: Esto es más del doble de lo emitido en Qatar 2022 (3.6 millones) y equivale a lo que contamina todo el país de Sierra Leona en un año entero. Es, por mucho, el Mundial más contaminante de la historia.
El verdadero rival a vencer no está en la cancha, sino en el aire, como lo demuestran las proyecciones de impacto del evento:
| Categoría de Emisión (Mundial 2026) | % del Impacto Total |
| Viajes de Espectadores (Vuelos y traslados masivos) | 87.8% |
| Alojamiento y Hotelería | 4.7% |
| Renovación y Adecuación de Estadios | 2.3% |
| Operación de los Recintos | 0.8% |
Como muestran los datos, casi el 88% de la huella de carbono proviene de los viajes de los hinchas. Un espectador internacional promedio recorre unos 19,400 km de ida y vuelta para este torneo. La escala del consumo terminó superando por completo los beneficios de no construir estadios.
La huella invisible del espectáculo digital

Existe además otro aspecto menos evidente que rara vez aparece en las conversaciones sobre fútbol y medioambiente: el consumo digital.
Millones de espectadores siguen los partidos a través de plataformas de streaming en resolución 4K, redes sociales y aplicaciones móviles. Cada video reproducido implica centros de datos funcionando de manera permanente. Si bien la huella ambiental de internet suele pasar desapercibida, las tecnologías digitales ya representan entre el 2% y el 4% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, una cifra superior a la de toda la industria de la aviación comercial antes de la pandemia.
Más allá del carbono: el legado social
Hablar de sustentabilidad no implica únicamente medir emisiones. El concepto también incluye dimensiones sociales y económicas. En este sentido, la FIFA proyecta que este Mundial generará miles de empleos temporales, impulsará fuertemente el turismo y dejará legados de movilidad (como la expansión de sistemas de electromovilidad urbana en ciudades como Guadalajara o Monterrey).
Sin embargo, también existen cuestionamientos recurrentes relacionados con el aumento temporal de precios, la presión sobre los servicios públicos locales y el uso de recursos estatales. Por eso, cada vez más especialistas sostienen que el verdadero éxito de un Mundial no debería evaluarse únicamente por la cantidad de espectadores o ingresos generados, sino por cómo se distribuyen esos beneficios en las comunidades locales una vez que termina la competencia.
El deporte frente al desafío climático
El Mundial de 2026 representa una fotografía perfecta de las tensiones que atraviesan al mundo actual. Por un lado, existen avances concretos en eficiencia, reutilización de infraestructura y gestión ambiental. Por otro, la creciente escala de los eventos plantea interrogantes difíciles de resolver.
La discusión ya no pasa únicamente por reciclar residuos o eliminar plásticos descartables en la tribuna. La pregunta de fondo es cómo compatibilizar espectáculos globales cada vez más grandes con la necesidad urgente de reducir el impacto ambiental. Mientras el fútbol sigue expandiendo sus fronteras, el desafío será lograr que esa expansión no se produzca a costa de los límites ambientales del único mundo que lo hace posible.
