Saludablemente

12, Enero 2021

Cómo la tecnología está cambiando la forma en que se mueven los chicos

Especialistas y estudios recientes advierten que el uso excesivo de pantallas no solo impacta en la atención o el sueño infantil. También está modificando la manera en que los chicos juegan, se mueven y desarrollan habilidades físicas fundamentales.

Durante años, la preocupación principal sobre las pantallas estuvo puesta en la concentración, el rendimiento escolar o el tiempo sedentario. Pero cada vez más investigaciones muestran otra consecuencia menos visible: el impacto sobre el desarrollo motor infantil.

Correr, trepar, manipular objetos, mantener el equilibrio o coordinar movimientos son capacidades que el cuerpo aprende jugando y explorando el entorno. Cuando gran parte del tiempo libre pasa frente a una pantalla, muchas de esas experiencias empiezan a reducirse.

Lo que muestran los estudios más recientes

Una investigación publicada en 2025 en la revista Children encontró una relación entre el aumento del tiempo de pantallas y un menor desarrollo motor en niños de entre 8 y 10 años. El estudio advirtió que una mayor exposición a dispositivos se asocia con menos actividad física y más conductas sedentarias.

En la misma línea, una revisión científica publicada en 2025 concluyó que el exceso de tiempo frente a pantallas puede afectar tanto la motricidad gruesa (correr, saltar, coordinar movimientos amplios) como la motricidad fina (escritura, precisión manual, manipulación de objetos).

Además, distintos relevamientos internacionales muestran cifras preocupantes: un estudio global difundido en 2024 indicó que apenas el 14,3% de los niños de 3 y 4 años cumple simultáneamente con las recomendaciones de actividad física, sueño y tiempo limitado de pantallas.

El problema no es solo “estar quietos”

Especialistas señalan que el impacto no pasa únicamente por el sedentarismo. Las pantallas también reemplazan experiencias clave para el desarrollo infantil:

  • Juego libre.
  • Exploración física del entorno.
  • Interacción social presencial.
  • Desarrollo del equilibrio y la coordinación.
  • Estimulación sensorial real.

Señales a las que los adultos deberían prestar atención

Cada niño es distinto, pero algunos indicadores pueden funcionar como señales de alerta:

  • Menor interés por juegos físicos o actividades al aire libre.
  • Dificultades de coordinación o equilibrio.
  • Mala postura frecuente.
  • Fatiga rápida ante actividad física.
  • Necesidad constante de estímulo digital.
  • Irritabilidad o aburrimiento inmediato sin pantallas.
  • Problemas de sueño o atención.

Distintos estudios también relacionan el exceso de pantallas con alteraciones del sueño, problemas de concentración y menor bienestar emocional.

Qué pueden hacer las familias

Los especialistas coinciden en que el objetivo no es “prohibir” la tecnología, sino evitar que reemplace experiencias fundamentales para el desarrollo.

Algunas medidas que pueden ayudar:

  • Promover más juego activo y tiempo al aire libre.
  • Establecer momentos sin pantallas en casa.
  • Evitar dispositivos durante comidas y antes de dormir.
  • Priorizar actividades físicas cotidianas.
  • Compartir tiempo de juego presencial con los chicos.
  • Dar el ejemplo desde el uso adulto de la tecnología.

Incluso investigaciones recientes muestran que cuando las familias reducen el tiempo de pantallas y fomentan actividades activas, se observan mejoras en hábitos físicos y bienestar infantil.

Recuperar el movimiento

La tecnología forma parte de la vida actual y no necesariamente es negativa, por eso el desafío está en encontrar el equilibrio.

Porque para un chico, moverse no es solo gastar energía: es aprender, descubrir, desarrollar autonomía y construir habilidades para toda la vida. Y ninguna pantalla puede reemplazar lo que ocurre cuando un niño juega con el cuerpo, explora el mundo y se mueve libremente.

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