12, Enero 2021
¿Perdimos la capacidad de concentrarnos? La ciencia detrás del “brain rot”
Entrás a una red social para mirar “solo un minuto”. Un video lleva a otro, después aparece un meme, una receta, un baile viral y, cuando levantás la vista del teléfono, pasó casi una hora. La sensación es conocida: el tiempo se fue sin darte cuenta y, además, cuesta volver a enfocarse.
Ese fenómeno cada vez más común empezó a resumirse con una expresión que ganó popularidad en internet: brain rot ("podredumbre cerebral"). De hecho, la Universidad de Oxford la eligió como la palabra del año para describir el supuesto deterioro intelectual asociado al consumo excesivo de contenidos digitales superficiales.

¿Existe el “brain rot”?
El brain rot no es un diagnóstico médico ni existe evidencia de que el consumo de contenido digital produzca un daño neurológico irreversible.
Sin embargo, eso no significa que nuestros hábitos digitales sean inocuos. Especialistas en neurociencias y salud mental advierten que la forma en que hoy consumimos información puede influir en la atención, la concentración y la sensación de agotamiento mental.
El problema no pasa únicamente por la cantidad de horas frente a una pantalla, sino por el tipo de estímulos que recibimos.
¿Por qué cuesta cada vez más sostener la atención?
Las plataformas digitales están diseñadas para captar nuestra atención de manera constante. Videos breves, imágenes, sonidos y novedades aparecen uno tras otro, ofreciendo una recompensa inmediata que invita a seguir deslizando la pantalla.
Con el tiempo, el cerebro puede acostumbrarse a esa dinámica de cambios permanentes. Entonces, actividades que requieren más tiempo y concentración —como leer un libro, estudiar, mirar una película completa o incluso mantener una conversación sin interrupciones— pueden sentirse menos estimulantes.
No se trata de que el cerebro haya perdido su capacidad de concentrarse, sino de que necesita volver a entrenarla.
El problema no pasa únicamente por la cantidad de horas frente a una pantalla, sino por el tipo de estímulos que recibimos.
Señales de una mente sobreestimulada
Los especialistas señalan que esta sobrecarga puede manifestarse en distintas situaciones cotidianas, tanto en jóvenes como en adultos:
- Dificultad para mantener la atención en una misma tarea durante varios minutos.
- Tendencia a revisar el teléfono de forma automática, incluso cuando no hay notificaciones.
- Sensación de cansancio mental después de pasar mucho tiempo navegando por redes sociales.
- Necesidad constante de buscar nuevos estímulos para evitar el aburrimiento.
¿Qué podemos hacer?
La buena noticia es que no hace falta abandonar la tecnología. El objetivo no es desconectarse del mundo digital, sino desarrollar hábitos que permitan usarlo de manera más consciente y equilibrada.
Algunas estrategias que recomiendan los especialistas son:
Reservar momentos sin pantallas. Caminar, esperar un turno o simplemente permanecer unos minutos sin estímulos digitales ayuda a que el cerebro descanse y procese mejor la información.
Cuidar el comienzo y el final del día. Evitar el celular apenas nos despertamos y durante la hora previa a dormir favorece el descanso y ayuda a reducir la sobreestimulación.
Recuperar actividades que requieren atención sostenida. Leer, escribir, cocinar, hacer manualidades o practicar un hobby son formas de ejercitar la concentración.
Limitar las interrupciones. Silenciar notificaciones o destinar momentos específicos para revisar las redes puede facilitar un mayor enfoque en las tareas importantes.

Más que hablar de un cerebro “arruinado”, los especialistas prefieren pensar en una mente expuesta a un exceso de estímulos. La buena noticia es que la atención también se entrena: pequeños cambios en los hábitos cotidianos pueden ayudar a recuperar la capacidad de concentrarse y disfrutar nuevamente de actividades que requieren tiempo, calma y presencia.
