12, Enero 2021
Fede Brisko: entre trucos y recetas
Vive de hacer magia, pero encontró en la cocina otra forma de sorprender. Con recetas simples, pensadas para quienes no saben nada y relatadas con dinámica y humor, construyó una comunidad de más de un millón de seguidores y transformó lo cotidiano en algo especial.

Fede Brisko es mago de profesión, de esos que adivinan cartas y hacen aparecer monedas donde no deberían. Pero un día, casi como un truco improvisado, la cocina se metió en su vida sin avisar.
Lo que empezó con una tortilla de papas grabada en lo de un amigo terminó abriéndole una puerta inesperada: la de las redes sociales, donde hoy lo siguen más de un millón de personas. Sin formación gastronómica ni pretensiones de chef, encontró su lugar contando recetas como quien cuenta una historia: con simpleza, cercanía y el don de hacer que lo de siempre parezca nuevo.
-Lo dice tu bio de YouTube: “No soy chef, pero cocino”. ¿De dónde nace tu interés por la cocina?
-Nació medio de casualidad. Empecé a subir contenido a Instagram a fines de 2015, eran videos de comedia y de magia, que es a lo que me dedico: hago magia y conduzco eventos y también tengo mi show de teatro.
Después, en noviembre de 2017, llegó un momento en que ya no sabía qué subir. Estaba en lo de un amigo, íbamos a comer una tortilla de papas, que era el único plato que yo sabía hacer. Entonces me propuso: “¿Por qué no subís como contenido la receta de la tortilla de papas?”.
Lo hice y explotó. Se viralizó, se vio mucho más que cualquier otra cosa que venía haciendo. Entonces dije: “Bueno, acá puede haber algo”, y a partir de ahí empecé a ver recetas en internet y aprenderlas. Miraba y las reproducía, las explicaba relatándolas. Las primeras recetas relatadas de Instagram las hice yo, no existían videos con esa impronta. Creo que básicamente fue por la forma de explicarlas y por lo simples, siempre traté de hacer cosas para el que no sabe nada. Ahora me encanta cocinar.
-Tuviste trabajos atendiendo al público: ¿cuánto de ese aprendizaje aparece hoy en la forma en la que comunicás?
-Creo que me dio muchas herramientas a la hora de comunicar, porque al estar en constante ida y vuelta con la gente se aprende mucho. Y siempre vendí, primero caños de escape, después celulares, propiedades, vinos y hoy me vendo a mí mismo, para los eventos y en mis redes.
Todos esos conocimientos que fui adquiriendo hoy los uso. Creo que lo más difícil que hay es venderse a uno mismo, pero la experiencia de los laburos anteriores me ayudó muchísimo, no solo en la venta de mis servicios, sino también en la forma de comunicar, de entender qué es lo que quiere la otra persona.
-No sos un cocinero pretencioso, las recetas que compartís son bastante sencillas de seguir. ¿Eso te ayudó a conectar con la gente?
-Sin dudas. Cuando empecé, la única receta que sabía hacer era una tortilla de papas. Y cuando me metí a ver en internet, encontraba que no podía seguir las recetas porque muchas veces eran complicadas o daban cosas por sabidas. Por ejemplo, decían “cortar la cebolla en juliana” y no lo explicaban, y yo no sabía qué era una juliana. Entonces, empecé a explicar las recetas para gente como yo, que no sabía absolutamente nada, y a mostrarlas de manera sencilla, bien desde cero.

-¿Qué lugar creés que tiene hoy cocinar en casa en un contexto donde muchas veces se come rápido y sin pensar?
-Cocinar en casa es súper importante. Yo antes vivía a delivery, pero para entender la diferencia entre pedir y comer comida casera tenés que haber vivido las dos cosas. Valoro mucho la cocina casera desde que aprendí a hacerla, primero porque uno sabe realmente qué materia prima está utilizando y qué es lo que está comiendo; y además, porque cocinar es una forma de cuidar, de estar presente y de construir momentos compartidos que quedan en la memoria.
“Cuando la comida llega a la mesa y las personas para las que cocinaste la prueban, ahí es cuando sucede la magia”.
-¿Cuál es tu plato “fuerte al medio”? Ese que no falla cuando querés quedar bien con alguien…
-El risotto, es la tercera receta que aprendí. La primera fue tortilla de papas y la segunda, el pastel de papa. Nunca pensé que algo que se veía tan complejo desde afuera me iba a salir tan bien de entrada. Y después, con el tiempo, lo fui perfeccionando, y se transformó en mi plato favorito, no solo para comer, sino también para hacer.
Todos tenemos un menú que más o menos repetimos en la semana, y el risotto es uno de los que se mantiene firme y el que elijo cuando alguien me dice: “Che, hacete algo de comer”. Es como mi caballito de batalla.
-¿En qué momento sentís que la cocina se vuelve magia de verdad?
-Cuando la comida llega a la mesa y las personas para las que cocinaste la prueban, ahí es cuando sucede la magia. Es en ese momento que todo cobra sentido y te das cuenta de que no solo estás alimentando, sino que estás compartiendo un pedacito de vos.
-¿Qué tienen en común un buen plato y un buen truco de magia?
-Tanto un buen plato de comida como un buen truco de magia comparten el poder de despertar emociones. Ambos se basan en la dedicación, en la sorpresa, en la atención al detalle, y en ese momento mágico en el que quien lo recibe no se espera lo que va a sentir.
“El toque mágico es cocinar estando presente en cada paso”
-Para vos, ¿es peor fallar haciendo un truco o preparando un plato?
-Creo que es peor fallar haciendo magia, porque hay veces que no la podés arreglar. Si bien el público no sabe lo que vas a hacer, muchas veces se puede zafar, pero hay algunos trucos en los que no hay vuelta atrás. En cambio, en la cocina tenés un changüí antes de llevar el plato a la mesa, donde podés modificar, agregándole un poco más de condimento o corrigiendo. Te da tiempo a salvarlo. En cambio, si te nombran una carta y, cuando la das vuelta, no es esa, estás al horno.
-¿Cuál es el toque mágico que te salva cualquier comida?
-Diría que el toque mágico es cocinar estando presente en cada paso, tomarse ese instante para realmente estar ahí, sin distraerse, metiéndose en ese viaje. Es ponerle todo el corazón al momento, estar disfrutando del proceso. Eso es lo que, al final, transforma una comida en un acto de amor.

-En tu vida, ¿de qué manera conectan la magia y la cocina?
-Son las dos actividades que más realizo y las que más me gusta hacer. Van de la mano porque dedico la mitad del tiempo a cada una. Son actos de creación que requieren atención al detalle, amor por el proceso y esa capacidad de sorprender. En mi caso, conectan desde ahí, desde ser mis pasiones. Y al final, la magia es la que me da de comer, y la comida, sin duda, tiene mucha magia.
