12, Enero 2021
La inteligencia emocional que las empresas necesitan
La inteligencia artificial está transformando la manera de trabajar, pero también plantea un desafío para quienes conducen equipos: comprender emociones, generar confianza y acompañar a las personas en un contexto de cambio permanente.
La inteligencia artificial ya no es una promesa lejana para las empresas. Forma parte de procesos, herramientas y decisiones cotidianas, modifica tareas y redefine perfiles profesionales. Pero mientras las organizaciones incorporan tecnología para ganar eficiencia, aparece una pregunta menos tecnológica y mucho más humana: ¿cómo se lidera a las personas en medio de una transformación que todavía no terminó de definirse?
El desafío no pasa solamente por aprender a utilizar nuevas herramientas. También implica gestionar incertidumbre, acompañar cambios, detectar señales de agotamiento y sostener el compromiso de equipos que pueden preguntarse qué lugar ocuparán sus conocimientos y sus puestos de trabajo en los próximos años.
En ese escenario, una teoría desarrollada hace décadas recupera una enorme actualidad: la inteligencia emocional.

Goleman y el factor humano
Cuando Daniel Goleman popularizó el concepto de inteligencia emocional, planteó que el desempeño de una persona depende tanto de sus capacidades técnicas y cognitivas, como de la capacidad de reconocer y gestionar las propias emociones, comprender las de los demás y construir relaciones efectivas.
Llevado al mundo empresarial, el concepto adquiere una dimensión particularmente relevante. Un líder puede tener conocimientos, experiencia y capacidad para tomar decisiones, pero si no logra escuchar a su equipo, gestionar sus propias reacciones o comprender qué está atravesando una persona, difícilmente pueda construir un entorno de confianza.
No se trata, entonces, de reemplazar la capacidad técnica por la emocional. Se trata de entender que ambas son necesarias.
La IA también genera emociones
La transformación tecnológica tiene además un componente que las empresas no siempre consideran: las personas no viven los cambios únicamente desde la lógica.
La incorporación de inteligencia artificial puede generar entusiasmo, pero también incertidumbre, temor a quedar rezagado, sensación de pérdida de control o preocupación por el futuro laboral. Un relevamiento global de 37.000 trabajadores citado por el Global Wellness Institute ubicó al cambio impulsado por la IA como una de las principales preocupaciones de la fuerza laboral en 2026: el 40% manifestó preocupación por la seguridad de su empleo a largo plazo y el 62% consideró que los líderes subestiman el impacto emocional y psicológico de la IA.
Ese escenario cambia también la función del líder. Ya no alcanza con comunicar que una nueva tecnología “mejorará la productividad”. Es necesario explicar por qué se incorpora, qué problemas resolverá, qué tareas cambiarán y, sobre todo, qué lugar tendrán las personas en ese proceso.

Una nueva competencia para las empresas
La discusión sobre inteligencia artificial suele concentrarse en productividad, eficiencia, automatización y resultados. Son dimensiones fundamentales, pero existe otra pregunta que empieza a ocupar un lugar central: ¿qué tipo de organización queremos construir mientras incorporamos tecnología?
El informe State of the Global Workplace 2026, de Gallup, aporta un dato que ayuda a dimensionar el desafío: el engagement global de los trabajadores cayó al 20% durante 2025, su nivel más bajo desde el año 2020. El mismo informe vuelve a poner el foco sobre el papel de los líderes y managers en la experiencia cotidiana de los equipos.
En este contexto, la inteligencia emocional deja de ser una habilidad asociada únicamente al desarrollo personal y se convierte en una herramienta de gestión.
Las empresas que incorporan IA tendrán que aprender también a gestionar las emociones que esa transformación genera. Y los líderes tendrán que combinar dos capacidades que durante mucho tiempo fueron pensadas por separado: comprender la tecnología y comprender a las personas.
