12, Enero 2021
Burnout parental: el impacto silencioso del agotamiento en la crianza
Hay algo que sucede en silencio: criar también puede agotar. No es falta de amor, no se trata de “no estar preparados”. Se trata de cansancio acumulado, un agotamiento real que afecta la salud física y emocional de madres y padres. A este fenómeno se lo llama burnout parental.

Más que estrés: ¿de qué hablamos cuando decimos burnout parental?
El burnout parental es un estado de agotamiento físico, emocional y mental asociado específicamente a las demandas de la crianza. No es lo mismo que estrés o cansancio del día. Se trata de un desgaste que persiste y que puede impactar seriamente en la relación con los hijos, la motivación para atender sus necesidades, y el propio bienestar.
Un estudio internacional publicado en Clinical Psychological Science analizó a más de 17.000 padres y madres en 42 países y confirmó que el burnout parental es un fenómeno real y medible. Aparece cuando las exigencias superan los recursos personales y sociales disponibles. Es decir, cuando se exige más de lo que se puede sostener.
Para acompañar, contener y educar, primero hay que estar sostenidos.
¿Por qué ocurre?
La crianza actual se desarrolla en un contexto exigente: jornadas laborales extensas, múltiples responsabilidades y altos estándares sociales sobre lo que significa “hacerlo bien”.
Entre los factores que pueden favorecer el burnout parental se encuentran:
- La autoexigencia y el perfeccionismo, “ser el o la mejor madre/padre”.
- La falta de apoyo social, de redes reales de contención.
- La dificultad para conciliar trabajo y familia.
- La ausencia de descanso.
- La presión social que idealiza la maternidad o la paternidad.
Señales para estar alerta
Algunas señales que pueden indicar burnout en la crianza son:
⚠️ Agotamiento extremo que no mejora con descanso.
⚠️ Desconexión emocional o dificultad para disfrutar momentos con los hijos.
⚠️ Pérdida de disfrute en momentos de crianza.
⚠️ Culpa por no estar “a la altura” de lo que se espera.
⚠️ Irritabilidad frecuente.
⚠️ Sensación de estar en “modo automático”.
⚠️ Trastornos del sueño.
Identificar estas manifestaciones no significa cuestionar el amor por los hijos. Significa reconocer que el rol parental también necesita sostén.
Es fundamental entender que agotarse no es fallar. Es una señal de que algo necesita cambiar.
¿Se puede prevenir o revertir?
Sí. El primer paso es dejar de naturalizar el agotamiento extremo como parte inevitable de criar. Algunas estrategias que pueden ayudar:
✅ Distribuir responsabilidades de manera más equitativa entre ambos progenitores.
✅ Pedir ayuda sin sentir vergüenza.
✅ Buscar apoyo social (familia, amigos).
✅ Establecer expectativas realistas.
✅ Incorporar momentos personales, aunque sean breves (descanso, hobbies, etc.).
✅ Buscar acompañamiento profesional si el malestar continúa.
