Negocios

12, Enero 2021

¿Y si eso que llamamos cansancio es otra cosa?

Estrés acumulado, sobrecarga emocional o la sensación de tener que responder a todo al mismo tiempo… Cualquiera sea la causa, Daniel Goleman, referente mundial en inteligencia emocional, sostiene que entender lo que sentimos es el primer paso para cuidar el bienestar, liderar mejor y construir equipos más saludables.

Llegar al final del día sin energía ya se volvió parte de la rutina para muchas personas. La respuesta suele ser automática: “estoy cansado”. Sin embargo, no todo cansancio tiene el mismo origen. En muchos casos, detrás de esa sensación hay algo más profundo: estrés sostenido, agotamiento emocional o una carga mental que se fue acumulando casi sin que la persona lo advirtiera.

En el mundo laboral, esa diferencia no es menor. Un colaborador emocionalmente saturado puede seguir cumpliendo con sus tareas, asistir a reuniones y alcanzar objetivos, pero hacerlo con una sensación permanente de desgaste, desconexión o falta de motivación. Y cuando eso ocurre durante demasiado tiempo, las consecuencias terminan apareciendo tanto en el bienestar individual como en el rendimiento de los equipos.

Daniel Goleman, reconocido psicólogo y escritor de libros famosos como ‘Emotional Intelligence’ (1995).

Lo que sentimos también impacta en cómo trabajamos

Hace casi tres décadas, Daniel Goleman revolucionó la forma de entender el liderazgo con una idea que hoy resulta más vigente que nunca: el éxito profesional no depende únicamente del conocimiento técnico o del coeficiente intelectual, sino también de la capacidad para reconocer, comprender y gestionar las propias emociones.

La inteligencia emocional comienza con una habilidad sencilla de describir, pero difícil de poner en práctica: detenerse a identificar qué nos está pasando. ¿Es cansancio físico? ¿Es frustración? ¿Es ansiedad? ¿Es la sensación de estar resolviendo problemas todo el tiempo sin encontrar espacios para recuperarse?

Nombrar lo que sentimos no elimina el problema, pero sí permite abordarlo de una manera más saludable.

El nuevo desafío del liderazgo

Las organizaciones también empezaron a entender que el bienestar no se construye únicamente con beneficios o programas de salud. Se construye, sobre todo, en la calidad de las relaciones cotidianas.

El informe State of the Global Workplace 2026, de Gallup, muestra que los líderes tienen una influencia decisiva sobre el compromiso y el bienestar de sus equipos. No porque puedan evitar todas las situaciones de estrés, sino porque son quienes generan el contexto donde las personas sienten que pueden hablar, pedir ayuda, equivocarse o priorizar cuando la carga se vuelve excesiva.

En ese escenario, la inteligencia emocional deja de ser una habilidad “blanda” para convertirse en una competencia estratégica. Escuchar, dar feedback con empatía, detectar señales de agotamiento antes de que aparezca el burnout y generar conversaciones genuinas son capacidades que hoy impactan directamente en el desempeño de los equipos.

Cuidar a las personas también es cuidar los resultados

En sectores donde el trabajo depende de la colaboración constante, como ocurre en el ámbito de la salud, comprender las emociones propias y las de quienes integran un equipo resulta especialmente importante. La calidad de las decisiones, la comunicación y la capacidad de responder a situaciones complejas también están atravesadas por el estado emocional de las personas.

Quizás por eso la pregunta inicial merezca una segunda oportunidad: ¿Y si eso que llamamos cansancio no fuera simplemente falta de descanso?

Tal vez sea una invitación a hacer una pausa, identificar qué nos está pasando y recordar una de las principales enseñanzas de Daniel Goleman: no podemos gestionar aquello que no somos capaces de reconocer. 

En un mundo laboral cada vez más exigente, entender las emociones dejó de ser un privilegio para convertirse en una herramienta esencial para cuidar a las personas, fortalecer los equipos y construir organizaciones más saludables.

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