Saludablemente

12, Enero 2021

Volver al trabajo: cómo retomar la rutina sin que el cuerpo lo pague

Entre el regreso de las vacaciones y el inicio del año laboral, la forma en que retomamos la rutina puede marcar la diferencia entre bienestar y agotamiento. Qué ocurre en el cuerpo cuando las jornadas se extienden y cómo se está replanteando el equilibrio entre trabajo y salud a nivel mundial.

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Se termina febrero y, para miles de personas, significa volver a trabajar: reuniones, objetivos, horarios que cumplir y menos tiempo libre. Pero el cuerpo no funciona como un interruptor que puede pasar del descanso a la exigencia plena sin consecuencias.

Del descanso al estrés: qué ocurre en el cuerpo

El paso abrupto de las vacaciones a jornadas de nueve horas o más no es solo una sensación de fiaca o desgano. Desde el punto de vista biológico, el organismo pasa de un estado de menor activación —con horarios más flexibles, más exposición a la luz natural y mayor tiempo de ocio— a un escenario de exigencia sostenida.

Cuando las jornadas se prolongan, el cuerpo activa mecanismos de alerta. Aumenta la producción de cortisol (conocida como la hormona del estrés), se eleva la frecuencia cardíaca y disminuye la calidad del sueño. Si esta situación se mantiene en el tiempo, puede traducirse en fatiga crónica, irritabilidad, dificultades de concentración e incluso mayor riesgo cardiovascular.

Un informe conjunto de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo, publicado en 2021, advirtió que trabajar más de 55 horas semanales se asocia con un mayor riesgo de accidente cerebrovascular y enfermedad cardíaca. El dato no apunta solo a la cantidad de horas, sino al impacto acumulativo del estrés prolongado.

Además, distintos estudios en neurociencia muestran que, después de ocho o nueve horas de actividad laboral sostenida, el rendimiento cognitivo disminuye: se reducen la capacidad de atención y de tomar decisiones y la memoria de trabajo.

Debate global: menos horas, ¿mejor salud?

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En distintas partes del mundo, el equilibrio entre tiempo de trabajo y bienestar viene ganando espacio en la agenda pública y empresarial.

En Islandia, por ejemplo, se realizaron pruebas masivas de reducción de jornada sin disminución salarial. Los resultados mostraron mejoras en el bienestar de los trabajadores y niveles de productividad que se mantuvieron o incluso aumentaron.

En España se implementaron programas piloto de semana laboral de cuatro días en distintas empresas, mientras que en Francia la jornada legal de 35 horas lleva más de dos décadas vigente.

Más allá de los modelos específicos, el punto en común es que el debate ya no solo gira en torno a cuánto se trabaja, sino a cómo ese tiempo impacta en la salud física, mental y social de las personas.

Cómo volver a la rutina sin descuidar la salud

Es posible adoptar estrategias para amortiguar el impacto de la transición: ¿qué recomiendan los especialistas?

  • Retomar gradualmente los horarios exigentes, evitando sobrecargar la primera semana.
  • Establecer pausas breves cada 60-90 minutos que permitan moverse y desconectar la mente.
  • Priorizar el sueño, procurando mantener al menos siete horas nocturnas regulares.
  • Delimitar horarios de desconexión digital, especialmente durante la noche.
  • Planificar momentos de ocio como parte de la agenda.

El descanso no es simplemente la ausencia de trabajo. Es un proceso activo que permite al sistema nervioso regularse, al cuerpo recuperarse y a la mente sostener el rendimiento en el tiempo.

En un nuevo inicio de año, recordar que la buena salud también se construye con tiempo libre y desconexión puede ser un primer paso hacia un equilibrio más sostenible.

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